Mastico mi conciencia gajo por gajo,
exprimiéndola con violencia,
tragando pulpa y semilla.
Mi garganta se cierra más de lo que quisiera
cuando descubro en mi lengua la acidez,
ese gusto a escalofríos
de saber mi transgresión.
Se rebelan los personajes de mi biografía
en la cáscara deshecha, en los pliegues rugosos,
en los minúsculos detalles de pieles rotas.
Ahí estás vos, en la punta de mis dedos,
en mi boca endulzada, en mi panza satisfecha,
en mis venas vivas, en mi sangre hirviendo,
en la tortuosa costumbre de no dejarte escapar.
Te como sin preguntar, sin pensar, puro instinto.
Sos tan fácil de desgajar que me olvido que no puedo,
mis dedos te buscan, hincan uña,
te desnudan y desangran
y en este vil ritual
te sacrifico a mi capricho
te lastimo, otra vez, en esta maldita práctica
de empalagarme de noche y desaparecer de día.
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