domingo, 28 de octubre de 2012

Desconocidos


Nos estamos hamacando en este ir y venir desde hace rato, desde que me miraste y te descubriste reflejada desde el otro lado. En eso estamos todavía, haciéndonos los indiferentes, mientras observo la curvatura de tu boca. Puedo tratar de ignorar esa curva roja, tu boca cerrada y fruncida que censura gestos, que forma un gancho para sujetar fuerte mi mirada. En este acuerdo tácito, este permiso para investigarnos y recorrernos con los ojos furtivamente, nos invadimos de a poco, violamos nuestros espacios y nos llenamos de esa adrenalina que acompaña el sabernos intencionalmente indiscretos. De repente nos cruzamos nuevamente las miradas, nos enfrentamos pasivamente, espías descubiertos en el acto. Ahí es cuando ceden las comisuras de tus labios, sonreís y es un pasaje, una puerta abierta. Hay algo curioso en saberse observando algo por primera vez, la magia de que seas una completa desconocida y tu gesto completamente nuevo. Al segundo tu sonrisa encuentra su espejo y florece en mis labios, que te devuelven el saludo en un ida y vuelta. La distancia que nos separa se acorta sin dar un paso, en esta habitación abarrotada de gente, en esta fiesta sin música, en la que tu cara desconocida en un instante deja de serlo.

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