Admiración por las sorpresas, los arrebatos, lo inusual. Por las
casualidades, los tropiezos, los sobresaltos. Por detenerse congelado en la
calle sin razón. Por dudar de los hombrecitos del semáforo que nos dicen cuando
andar. Por mirar a los animales con ojos conversadores y esperar una respuesta.
Por subir las escaleras mecánicas al revés.
Amor por lo ilógico pero indispensable, por las nimiedades y los
detalles. Por las fundas de almohada, la cávala, las supersticiones. Por la risa nerviosa, los hoyuelos, los ticks
diarios. Por cantar en la ducha, por contar los pasos, por los garabatos en los
márgenes de las hojas. Por dos, por tres, por cuatro.
Un admirable amor por lo absurdo. Un absurdo amor para admirar.
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